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Lourdes Mendoza gana denuncia a Lozoya por daño moral

By julio 12, 2021 No Comments

 

La madrugada del viernes 17 de julio llegó a México, extraditado de España, el exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), Emilio Lozoya.

En agosto, el exfuncionario declaró que por órdenes del entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, compró y entregó una bolsa Chanel a la periodista Lourdes Mendoza para que, supuestamente, publicara opiniones favorables a favor del funcionario.

Lozoya señaló que compró la bolsa en la boutique de la colonia Polanco, de Ciudad de México.

La periodista lo demandó por daño moral. La semana pasada fue el periodo probatorio y Mendoza logró evidenciar que esa boutique no existe en Polanco desde 2011.

Emilio Lozoya no ha podido comprobar su acusación contra la periodista. Además aseguró que le pidió pagar la colegiatura de su hija, pero si nunca compró la bolsa ¿Cómo es que Lourdes Mendoza realizó la otra petición?

Después de ser señalada en la denuncia de hechos de Emilio Lozoya ante la Fiscalía General de la República, la periodista Lourdes Mendoza interpuso una demanda contra el exdirector de Pemex.

La periodista explicó que lo declarado por Lozoya es falso a través de un artículo publicado, originalmente, en El Financiero el 2 de septiembre de 2020.

Aquí la reproducción íntegra del texto de la periodista:

El pasado lunes 31 de agosto presenté una demanda contra Emilio Lozoya por daño moral.

El 19 de agosto de dos mil veinte fue filtrada a la opinión pública la denuncia de hechos presentada por Lozoya ante la Fiscalía General de la República, en la cual me señala personalmente. Hasta el día de hoy, no cuento con copia certificada de la denuncia hecha por Lozoya.

Todo lo declarado por Emilio Lozoya sobre mi persona es falso, insulta y me desprestigia, provocando con ello un daño significativo en mi nombre, decoro, honor, reputación, vida privada, pública, profesional, familiar, y consideración que de mí tienen los demás.

Por mí y por mi hija, no puedo permitir que la calumnia, la maledicencia, enturbien mi reputación y honorabilidad, dañándonos a ambas irremisiblemente.

Periodista de oficio como soy, me debo a mis lectores y escuchas, y he tratado siempre de ser una voz creíble para la sociedad a la cual represento.

Sé perfectamente que mi trabajo es duro, tanto como lo es la vida, y no ignoro las dificultades que conlleva su cotidiano ejercicio. Es decir, conozco perfectamente los riesgos del oficio que ejerzo desde hace más de 20 años.

Emilio Lozoya, hombre de crítica fácil, destructiva, falaz, ha optado por acusarme de corrupción sin fundamento ni verdad, de un modo vil, amparado por un esquema oportunista que lo beneficia sólo a él, haciendo gala de su inmoralidad. Hacerlo así, con una historia que no sucedió más allá de su imaginación, significa mentir, desinformar, confundir o manipular.

Frente a la calumnia es difícil defenderse, el calumniador goza de todas las ventajas, incluidas premeditación y la alevosía, mientras que el calumniado sólo cuenta con su nombre, reputación y el reconocimiento y afecto de aquellos quienes le conocen.

Su falso testimonio significa también dañar esas zonas impenetrables que nos erosionan la confianza, la seguridad, la certeza y terminan por desbaratarnos. Lozoya posibilitó que se ejerciera sobre mi persona una crítica devastadora, sin sustento, sin respeto, sin responsabilidad, lejos de la investigación y el análisis a los que tengo derecho, causándome daño moral.

Sin darme por vencida, con los únicos medios de que dispongo, con la fuerza de mis palabras, sin cerrar ninguna puerta ni desesperarme, me pongo en manos de la autoridad judicial cierta de que hago lo correcto, lo mejor, lo más coherente, lo más sensato, lo único posible.

Me resisto a las declaraciones abstractas sobre la justicia, quiero verla aplicada en mi caso; no pretendo venganza ni desquite. Tampoco busco confrontación. 

Pretendo limpiar mi nombre, pretendo mostrar que lo dicho por Lozoya es calumnia y que sólo lo hace para aminorar su castigo. Pretendo que la voz de un inocente valga más que la de un culpable confeso y supuestamente detenido. Pretendo que no se usen políticamente los dichos sin sustento de alguien que está a la mitad de una averiguación y que en México no se acuse por conveniencia y exista como valor universal, la presunción de inocencia.

Aclarado lo anterior, esta es la primera y la última vez que hablaré del tema, fuera del juzgado.

 

 

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