VIDA Y ESTILO

Awen

By febrero 15, 2021 No Comments
Foto de vuela viajes.
—¿Qué es morir?-
—Morir es 
Alzar el vuelo
Sin alas
Sin ojos
Y sin cuerpo.-

Elias Nandino

 

Hay un lugar dentro mío que está custodiado por una puerta de hierro forjado que tiene grabado un símbolo. Se llama Awen, un emblema celta que habla de la armonía entre los opuestos y en galés significa inspiración y esencia. Para acceder a él necesito una llave que guardo en mi pecho y que alguien a quien adoro me la ha hecho medallón, así la llevo muy cerquita para no perderla.

Ayer tuve que usarla para abrir el portón y entrar. Este es un espacio de no tiempo que he decorado con árboles y montañas nevadas. Le pinte un lago de aguas color turquesa fruto del deshielo de los glaciares y lo llene de flores de distintos colores.

 

Foto de Pinterest.
Foto de Pinterest.

 

Tenía tiempo de no entrar, había olvidado la brisa fría con aroma a huele de noche, esta planta mejicana de flores blancas que perfuma el aire sobre todo en las noches.

Ayer como a las cinco de la tarde entre ahí para no sentir. Cuando algo golpea hasta el alma sin darnos cuenta entramos en un espacio que percibimos como vacío, ahí perdemos hasta un poco de peso, nos sentimos más ligeros. Nos perdemos y la mirada se va a algún lugar, ahí no podemos llorar ni reír, se nos desaparece el tiempo, no hay nadie ni nada y cuando podemos regresar no recordamos que paso.

Es una realidad paralela que el cerebro usa para protegernos de tanto dolor. Lo que está pasando lastima tanto, que la angustia nos desborda, entonces mejor nos evadimos y así nos sentimos seguros. Yo encontré ponerle vida, pintarlo, darle forma a través de los sentidos para no perderme del todo y saber que hay una puerta que me puede traer de regreso a esta realidad.

El miércoles estuve ahí durante un largo rato en silencio. Una llamada, una voz del otro lado del teléfono; Lucia ha muerto. Sentí que las piernas se me doblaban y también vi las de Claudia, porque estábamos juntas esperando su llegada. Me costó trabajo encontrar un lugar donde sentarme porque de pronto todo se volvió sordo.

 

Dra. Lucia Ibáñez. Hoy descansa en paz.
Dra. Lucia Ibáñez. Hoy descansa en paz.

 

Fue un golpe que me dejó sin aire, perdí por unos instantes el lugar donde estábamos y abrí la puerta, me perdí en mi espacio y de pronto al escuchar el llanto ahogado de Claudia, alcancé a darme cuenta que el impacto era peor para ella, así que decidí regresar. Era su amiga, su hermana, su médico; su ángel de la guarda.

Han pasado apenas unos días y no sé cómo despedirme de un ser que tocó mi vida apenas por un breve instante. Apenas unos cuantos meses de habernos escuchado por primera vez por teléfono y esperaba con emoción su llegada el miércoles para conocernos, pues nunca nos vimos y no llegó.

Hubo un momento durante la tarde en el que me detuve a pensar que quizá la habían internado, pues venía de Aguas Calientes con una leve neumonía y un tanque de oxígeno, pero por más que la llamamos no nos contestó.

¿Y ahora? Como despedirme de ti Lucia, como encontrar donde poner esta sensación de vacío en la boca del estómago, que por segundos se vuelve un nudo que me aprisiona. De pronto sin poder evitarlo, mis ojos se llenan de agua y se escurre por mis mejillas y me veo llorando hasta cansarme y llenarme de nuevo para seguir llorando. Así que hoy te escribo, me pierdo entre las letras para poner un poquito de mí en cada frase, mientras te hablo.

Me mandaste una foto tuya así que te dibujo con tu pelo gris, te imagino alta, de manos suaves. Nos coloco en mi espacio junto a la belleza de la naturaleza y te veo por primera vez. Recreo tu fisionomía y te visto de blanco porque así te veo; luminosa y alegre.

Debo confesarte que a ratos me he enojado contigo, porque te fuiste cuando más falta hacías y ahora no sé que debo hacer y me siento confundida y vulnerable. Me dejaste sola con nuestra tarea, te fuiste y no me dejaste dicho por dónde seguir. Pero eso lo sabes ya, sabes que mi enojo es parte de este proceso de atravesar tu muerte, que por más que te reclame no vas a regresar y te pido perdón.

Sobre todo en la noche me asaltan las dudas, y me arrastran los laberintos huecos que me llevan al mismo lugar, ahí donde sentir me asfixia.

He tenido ideas locas donde he querido hacer una negociación con Dios decirle que te regrese y se lleve a quienes no dejan más que dolor a su alrededor, incluso aquellos que ya están en fase terminal; pero que te regrese. Le he dicho que quizá pueda hacer algo, intercambiar algo para convencerlo, pero no recibo ninguna respuesta aunque se que me escucha.

Me cuesta creer que no hay un lugar hermoso como este después de la vida como creía mi papá, nunca pude entender por qué pensaba así, pues su muerte a mi me dejo vacía durante mucho tiempo sin poder acomodar lo que me pasaba. Fue entonces cuando encontré como atravesar la pena, pinté a brochazos un lugar como el que imagino y para no perderme en la angustia cuando algo me pega tan fuerte, me refugio aquí.

En este lugar que he creado te invito a pasear, quiero hablarte de cómo me siento, de lo mucho que me cuesta respirar y en un pequeño espacio donde da el sol, te invito a sentarte.

He traído las piedras de colores que guardo en mi bolsa, una vela y pongo música celta para acompañar. Coloco un cuaderno grande y con crayolas te dibujo un círculo y te digo que esa soy y yo todo lo que tiene que ver con mi vida está dentro de esta circunferencia. Después empezó a colorearlo explicándote que cuando llega el duelo no hay ni una sola área de mi vida que no se vea afectada por ese dolor. Llega hasta cada parte de mí. Desde niña escuché que esta sensación se hacía más pequeña y desaparecía. Pero ya sé que ese dolor se mantiene tal y como está, pero que mi vida va creciendo alrededor de él. Es como si mi existencia se empezará a desarrollar en otro círculo concéntrico más grande, pero siempre alrededor del dolor en el centro.

Así, que aunque experimente muchas otras cosas nuevas, aunque vuelva a sonreír y a sentirme viva de nuevo, el duelo se queda dentro. Y en ciertos momentos, como el 10 de febrero volveré a llorar.

Mientras el aire te da en la cara, te cuento que los duelos se acompañan de rituales para ir tejiéndonos de nuevo, mientras vamos encontrando como seguir adelante, pero por ahora este tiempo de pandemia, marca su ritmo negándonos esa posibilidad. Las misas del rito católico que es el que conozco, para eso son; para abrazar a quienes queremos, llorar con ellos, mientras comenzamos a despedirnos poco a poquito y hoy no puedo hacerlo contigo.

Durante semanas vimos el amanecer cada una en su casa buscando los cómos en llamadas y mensajes de texto, para ayudar y acompañar a nuestra amiga en común. Nos volvimos cómplices para acogerla, para que tuviera un lugar de donde agarrarse cuando la pandemia le arrebató la paz. Día a día se fue ovillando un lazo que se convirtió en fortaleza, resolvimos lo que pudimos muchas veces sin mucho conocimiento, pero no nos vencimos, aun sin saber que vendría después.

Mi admiración por ti se fue trenzando en la voz de Claudia, fui conociendo tu generosidad desbordada no solo hacia ella, sino por cada uno de tus pacientes. Te vi ser más que un médico que cura enfermedades, fuiste un sanador de almas mientras sanabas sus cuerpos rotos.

Pareciera que un encuentro de apenas unos meses, se pudo gestar una complicidad amorosa por teléfono, pues hay una fuerza invisible que se va hilando a través de la empatía. Entonces aprendí que no se necesita vivir con alguien o tenerlo cerca por años para quererlos y hacerlos nuestros.

Quiero decirte que tu voz se fue bordando en mi corazón, nos fuimos tejiendo hasta encontrar que entre las dos, teníamos una tarea y que la cumplimos y ahora necesito que ahí donde estés me guíes porque en verdad me siento perdida.

No busco enardecer tu paso por esta tierra, porque como todos, pasaste por aquí con todos tus encuentros y desencuentros, con tus dolores y alegrías, busco despedirme agradeciendo lo mucho que me diste durante este breve tiempo.

He aprendido que la vida es un misterio, que por más que intente entender los porqués no voy a encontrarlos. Ahora entiendo que cada instante es único y que no quiero perderme en distraerme de lo hermoso que tiene cada momento y que eso es lo único que tengo; ese momento. Encarnó como fuente de lo que sigue, la posibilidad de que en verdad soy finita, pues era algo que decía de dientes para fuera. Tu partida me reafirma que estoy aquí apenas por un breve espacio.

Gracias Lucia por tanto, en tan poco tiempo. Por ahora te voy a dejar ahí no quiero soltarte todavía no estoy lista para hacerlo, así que iré regresando por momentos a este hermoso lugar donde te he puesto, para encontrarme contigo y seguir hablándote hasta que pueda dejarte ir como lo hice con mi papá, con Martha y mis abuelos. Como lo he hecho con tantos que he ido soltando de a poquitos aunque me sigan doliendo.

Respiro profundo y me entrego a vivir hoy como si fuera el último día sobre la tierra, sin excluir mi dolor, me dejaré llorar cuando lo necesite y me permitiré estar enojada. Esto es lo que hay y esto es lo que toca.

Cierro la puerta, le pongo llave, acarició el símbolo. En verdad hay un ritmo que danza entre las polaridades, entre la alegría y la tristeza; entre la vida y la muerte. Es de noche, veo la luna en lo alto y me recuerda que como ella yo también tengo que pasar por ciclos de vaciarme y luego llenarme de nuevo.

Iré a buscar a Claudia, abrazarla y seguir con la tarea que nos prometimos; nunca soltarla seguir a su lado mientras atraviesa este espacio de tiempo que parece infranqueable y en mis brazos llevaré los tuyos, para que los sienta.

 

 

Ceci: Gracias por ayudarme a tejerlo regalándome frases que me hicieron hilarlas con mi escrito. 

 

 

Por DZ

Claudia Gómez

Twitter: @claudia56044195 

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